jueves, julio 16

El peor cumpleaños


Tu peor cumpleaños no es cuando, además, tú te mueres.


No. Al contrario: cierras un círculo bastante manido -la vida es manida, la vida es a lo que más se le corre mano- y pasas, aunque sea para tu familia y las viejas del barrio, al terreno del mito.

Quizás con suerte obtengas una gruta, decenas de velas renovables y tablillas, inscripciones de agradecimiento por todo lo que te hubiera gustado hacer por la pobre gente pero que , como es lógico, te es imposible pues estás muerto para siempre, como mueren los muertos de la Tierra (cita).

Tu peor cumpleaños no es cuando, además, alguien se muere.

Si se muere el bendito gato, lloras, los superas casi de inmediato. Lo agregas como matiz, como un brindis íntimo entre la piscola y el pastel supracalórico.

Si muere un amigo, un familiar, un ser engrillado a ti por circunstancias de amor o piedad, tampoco es tu peor cumpleaños. Se cancela tu casillero ese año y tu celebración pasa a ser un matiz, un brindis íntimo entre el café con ron y los preparativos para un velatorio y una ida aun incinerador o pedazo de tierra. Cuán más importante sea el sujeto de retiro, de salida, más anulado quedará a futuro la fecha en cuestión.

Pero nulo no es peor. Nada vendrá de la nada, así que tranquilos.

El peor cumpleaños es cuando añoras dar círculo pleno de los más manido, y te quedas en quererlo. Y como sabes que es malo, mejor te arrepientes y le pides a tu hermana que guarde las balas en otro lugar. Y para colmo mo ni se lo dices, porque pensarás que se aramará de la de dios padre.

Y visitas a tu madre enferma solo porque está enferma (sino le pedirías que viniera) y la tratas duramente por no considerar tu individualidad, por tratarte como al resto de sus hijos que le aguantan sus bromas estúpidas.

Y mientras quieres celebrar, aunque sea caminando por el centro, te dedicas a hacer un trabajo en el pc de tu hermana, para tu hermana, que cuando se lo muestras pone cara de asco, de "por qué complejizas mi vida" (sin embargo la planilla excell iba a simplificar su tarea atrasada).

Y llego a casa a las 8:30 de la noche, a media hora de cuando empiezan los cumpleaños de viejos... y zap!!! había una fiesta sorpresa que se desarmó porque me demoré en llegar.

Vinieron 30 personas entre 6 y 8 de la noche, y no me pude topar con ninguna. No salí con celular, debe ser por eso que no me pude topar con ninguna de las 30.

Mentira. Tampoco vino nadie, pero tuve problemas como si la casa hubiese estado reventada de gente.

Eso tampoco es un peor cumpleaños. Uno estándar.

Pero convengo conmigo mismo que ha sido el peor por estos lares. Y que no quiero que se repita.

Amen. Eso.

Ya ni sé ni cómo redactar ni menos cerrar un posteo.


sábado, enero 31

Piensan niños en estatuas


Cuando niño -¿estoy seguro de eso? ¿Solo cuando niño?- más que cultivar presentimientos (que sí, los había), lo que hervía en mi marmita cerebral eran pre-pensamientos.

Pensamientos que servirían de algo si un angel los recolectara, me sugiere Lichtenberg, hace un rato, en uno de sus aforismos.


Es un cierto tipo de infierno; no, mejor de limbo, y uno no tan desagradable: ser hoy ese ángel que recolecta retrospectivamente esos pensamientos. Ángel retrospectivo, el primero y el postrero:


Martina era una niña aterrorizada por las estatuas. Las de plaza y museo, y las religiosas sobre todo.Un cristo particularmente sangrante de una iglesia de los Andes era, más de una vez, sino el protagonista, un espectador que se inmiscuía en la trama de sus pesadillas.

(Conocí a Martina a los 14 años. Pero esa historia me la contó a los 19).

En cambio, a mí, a ese yo de seis o siete años, las estatuas me proveían de una doble certeza, por un lado un pensamiento mágico o nonsense:
la estatua contiene dentro de sí la secuencia movil y repetitiva de la historia que representa: dentro del caballo de cemento de una de las columnas del club hípico se corren una y otra vez infinitas carreras, dentro de un Prat de marmol se hunde una y otra vez su barco y su arenga sospechosamente perfecta, al interior de la virgen se recrea el misterio de ovulación afortunada;
y por otro, una proyección moral, una culpa, un horror a la representación:

modelar una forma es darle vida, una vida subsidiaria, la roca o la masilla no busca ser flor o persona, ser una segunda flor o una segunda persona, ni tener esa vida para siempre (es eterna puesto que en mi infancia todo abundaba en eternidad: mientras algo sea recordado existirá en la vida verdadera -que era mental-, y sino queda nadie, era Dios, sí Dios en esos tiempos, el que tenía esa carga).

Para cada caso, para cada niño pensando en una estatua, quien sea, este o en otro tiempo, es el nacimiento de una gramática imperfecta, de ciertas reglas de combinación aplicables a qué. A todo lo reductible a imagen.



jueves, enero 29

El ángel y El cordero, 2 versiones de Blake


El ángel 

de William Blake (versión de A. Bernier) 

Sueño soñado ¿significado? 
Yo era una virgen con un reinado, 
Un ángel bueno a mí me cuidaba, 
(¡Maldito lloro a nadie encantaba!) 

Lloraba noche, lloraba día 
Él mis lágrimas recogía 
Lloraba día, lloraba noche 
Yo le ocultaba muy bien mi goce. 

La mañana se sonrojó 
Sacó él sus alas y voló. 
Sequé mi cara, armé el temor: 
Escudos, lanzas, diez mil o mayor 

Pronto mi Ángel ha regresado: 
Yo estaba armada, él vino en vano; 
Pues el tiempo joven ya voló 
Y así mi cabello encaneció. 


El cordero 

de William Blake (versión de A. Bernier) 


Corderito, ¿quién te hizo a ti? 
¿Sabes o no quién te hizo a ti? 
Te dio comida y te hizo vivir 
en prados con agua de eterno fluir 
Te dio vestidos deliciosos, 
los más suaves, radiantes, lanosos 
Te obsequió esa voz tan tierna, 
que a todos los valles deleita 
Corderito, ¿quién te hizo a ti? 
¿Sabes o no quién te hizo a ti? 

Yo te lo diré; Corderito, 
yo te lo diré; 
por tu nombre a él lo llaman 
Pues un Cordero él se señala 
Él es manso, y Él es sumiso, 
Él llegó a ser un niñito. 
Yo, un niño, y tú un cordero, 
por Su nombre nos llamaremos. 
¡Que Dios te bendiga!, Corderito, 
¡que Dios te bendiga! 


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El Ángel ya lo había posteado casi de manera casual hace dos años. Hoy reaparece puesto que el poema y Blake y yo ya no somos iguales a nosotros mismos.



lunes, julio 28

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.


Alma ausente


No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

(Federico García Lorca)



viernes, julio 25

Baldur (Adiós, Lazaro)

Pedro Pablo Hermosilla (1978-2008)
Ilustrador, narrador gráfico y amigo excepcional.


Baldur


No pongas llave en los corazones de tu tierra, ni abovedes el ojo de dios y de madera que pusiste en nuestra frente, Baldur, pues te lloramos y te vemos en cada recodo de las escenas de la vida y no queremos perderte.

Hace tiempo jugamos a tu muerte: dibujamos con pereza una niña vestida de serpientes y la envolvimos en papel y en pía transparencia. Peregrinamos con ella por todo hospital, toda esquina, todo depósito de miedos. Dijeron, Baldur, que no la harían sonreír. Lo juraron repetidamente.

Y luego vivimos de ti, irresponsables, alegres de tu gloria de runas y grabados, de tu recitar en las nueve lenguas de los mundos, de tu amplio consejo más sabio que Kvasir. Y como niños olvidamos que tu corazón siempre estuvo atravesado por el muérdago, por un nombre de verano en el invierno del exilio, una palabra terrible, que temimos preguntar. Por eso tu muerte te hace alguien escondido, Baldur, un dios más alto o más bajo para nuestra visión entrecerrada. Pero somos nosotros los injustos pues hace años miraste la ventana y dijiste: “Soy un águila encerrada en una jaula de oro”.

Por tanto, no pongas llave en estos corazones, Baldur, ni abovedes el ojo de dios y de madera que pusiste en nuestra frente, ahora que te alejas dormido sobre tu barca envuelta en llamas, ahora que pensamiento y memoria quisieran retenerte, mas sólo logran volar sobre ti y graznarle al ojo del sol y al interminable mar su desconsuelo.

A. B.


P.S. Esto lo escribí hace unos siete años, recordando a un amigo sabio que fue como un padre. Hoy, dejando a un lado,o mejor, recordando mi estúpida ceguera, puedo decir que ha muerto un hermano.

Y solo esa ceguera, esa condición de Hödur contrahecho (todo es redundancia), hizo que no estuviera más cerca.




miércoles, febrero 20

El golpe maestro del leñador-cáncer


En realidad es El golpe maestro del leñador-duende (que no rescata la cadencia de: The Fairy Feller's Master-Stroke), de Richard Dadd.

Para hablar de la imagen está el camino uno, que habla de lo imposible de soslayar la biografía de Dadd, pintor victoriano del género feerico. Se dice que era un pintor mediocre, pero que alcanzó la maestría absoluta en su celda acolchada del Bethlem Royal Hospital, manicomio y zoologico humano, paseo obligado para las familias londinenses quea cambio de unos chelines podían ver en vivo el reverso simétrico de su sociedad.

A los veinte años Richard dio, como buen dandy, un paseo por el Cairo, de seguro avalado economicamente por su padre, un reconocido farmacéutico. El problema fue quedarse cinco días seguidos fumando hachis. Ya en el cuarto día descubrió que las burbujas de su pipa era un mensaje secreto de un dios egipcio.

A partir del mensaje del dios, Richard confeccionó una lista de personas a las que había que eliminar. El primero fue su padre, al que mató con un cuchillo o un machete. Fue atrapado por la policía y mandado al manicomio... no pudo seguir su itinerario, que coronaba el asunto con el obispo de Roma.

El camino uno, habla de lo imposible de soslayar esta biografía en la lectura del cuadro, y ver en el leñador la figura del mismo Dadd y su agenda divina. Y sin embargo, aún en esta ruta predecible hay mucho que cortar: el golpe maestro sería el mismo cuadro, después de nueve años de estocadas imaginarias, nueve años de pinceladas y capas superpuestas.

Ahora bien, antes de abandonar este camino debo decir que estoy lejos de creer que la sinestesia doble articulada, que el dios osiris no tuvo nada que ver con el destino de Dadd. Con ese apellido, es lógico que el dios lo enviara a matar a su padre, a toda figura paterna, antes de convertirse en un maestro. Es lo que hace todo artista, solo que lo que es literal en el mundo de los dioses y las hadas aquí es simbóilico, lo que no quiere decir, entiéndase bien, irreal.

El leñador rodeado por los duendes, las hadas, por sus demonios interiores. Nota al margen: Y si los demonios te envuelven, si tus más terribles demonios interiores te hablan con razones irrefutables. Entonces qué. ¿El camino de San Antonio? ¿El del Leñador-Duende?

El camino dos, es más frágil, después de todo lo dicho anteriormente. Pero es que por naturaleza este camino debe ser fragil;por otro lado, en que tenga al menos un mínimo de indestructibilidad, radica su único valor. Otro modo de entrar, de leer esta pintura es soslayar lo insoslayable, es olvidarse de Dadd y relacionarla por completo con el post anterior, sobre las historias del cáncer.

Es más: contruir un relato, una serie, una novela, donde el cáncer aparezca así, en el claro de luna de un abigarrado bosque, dando un nombre nuevo a la pintura como: EL GOLPE MAESTRO DEL LEÑADOR-CÁNCER. Esperar que hadas y goblins sean a la misma vez sus descentrados personajes y las imagenes ebullentes de la metástasis textual. Un relato enfermo, que reemplace la sentimentalidad por algo más cerca del pre-sentimiento, glosa feérica, extrañar a mares la palabra perdida, impronunciable.

Crónica, depósito de cadáveres, obituario, un diario, una conexión wi fi más rápida que la muerte.

Tras una larga lucha con el cáncer


Tras una larga lucha con el cáncer, finalmente venció. Hoy vive feliz con sus lecturas, sus mascotas y breves, pero gratificantes, visitas de sus familiares.


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Es lo único, el relato más optimista que pude pensar para esta mañana.

Ayer, escuché otro relato de esta enfermedad, con alguien muriendo, recibiendo sus últimas visitas.

Antes de ayer, o el sábado, doctores hablaban del cigarrillo, de la imposibilidad de salir indemne, del humo que sale de mi nariz ahora.

A veces recuerdo a mi abuelo, que murió de cáncer generalizado -extrañamente no de pulmón, que debía ser los más obvio, por ser fumador entusiasta desde los nueve años-. Y mi forma de recordarlo es física:

Texto suprimido por un tiempo.

sábado, febrero 2

Hoy en la mañana


“Originalmente iba a ir al trabajo con la camisa rayada, que viendo Life on Mars revaloré por su look setentero, pero me devolví a casa a alimentar un pez de color (lo había sobrealimentado la noche anterior, podía no volver). La casa está sola, el resto de sus moradores están en el norte de Chile. Plancho por alguna razón la camisa azul de manga corta. Me pongo la camisa. Desconecto la plancha y la alejo del tomacorriente, para no quedar con la duda, con la premonición del incendio. Me tomo dos cafés fríos, dejados a medio tomar el día anterior. Salgo y prendo el mp3. Las calles están vacías y llego adelantado al trabajo.”


Relato insulso.

Pero al releerlo en clave de error, veo que hice algo que me recomendaron encarecidamente no hacer (seguramente lo del pez). Y en clave festiva: creo que iré a un bar llamado el duende azul a la tarde, quizás la camisa nueva aluda a eso. Y en clave esotérica: un cambio espiritual, para peor como son los buenos cambios para ser narrados. En clave de locura, una cotidianidad sospechosa, compartimentada: he visto Dexter, la serie del forense que es un asesino serial y no he dejado de pensar en la desagradable carga de ser un Dexter Morgan al revés: en vez de “no sentir”, conmocionarse por cada detalle de la existencia (nota: considerar la posibilidad de emular, de actuar en la cotidianidad un no-sentir, solo para ganar tiempo).

Claro que eso es ilegible en el relato insulso.
Habría que reescribirlo cuatro veces.
Algo que escapa de los márgenes de ocio de este posteo en particular.